Jugadores de billar

José de Togores y Llach (Barcelona, 1893 – 1970)

1920

Óleo sobre tela

115 x 86 cm

Jugadores de billar es un buen ejemplo de la fortuna crítica de la obra de José de Togores (1893-1970). En 1919, el pintor inició una larga estancia en la capital francesa y, durante un tiempo, compaginó la práctica artística con la crítica de arte. Togores, que ya había encontrado en París una referencia en Cézanne, entró en contacto con la vanguardia y el círculo del poeta Max Jacob. Este ambiente le permitió acceder a la Galería Simón y a su propietario, el marchante Daniel-Henry Kahnweiler, con quien trabajó entre 1921 y 1931 en Francia y con Alfred Flechtheim en Alemania. El respaldo de estas relaciones proporcionó a Togores mayor seguridad en su obra y más afán experimental; durante este periodo, Togores creó sus mejores obras, aquellas en las que experimentó con las vanguardias. Entre 1928 y 1931, partiendo de una figuración próxima a la Nueva Objetividad alemana, pintó unas obras en la línea del automatismo psíquico surrealista. 

En 1932 se produjo un retorno a la figuración, desarrollando a su vuelta a Cataluña una obra realista, bastante tradicional, que realizará hasta el final de su vida, en 1970, año en que murió víctima de un accidente de tráfico.

Acabada la guerra civil, Togores volvió a Barcelona y concluyó su diálogo con la modernidad. La circunstancia de haber expuesto y vendido la mayor parte de sus obras de juventud en Europa impidió que estas se conocieran en España y, por lo tanto, Togores fue interpretado en base a su obra posterior, una pintura de corte realista completamente alejada de la vanguardia internacional que consolidó su recepción entre la burguesía catalana. 

Jugadores de billarse se realizó en 1920, el mismo año en que Togores pintó el retrato de su primo Alejo, también representado como uno de los jugadores de billar. En ambas obras, el pintor consigue el retrato psicológico de los personajes a partir de su fría y desapasionada mirada, de sus gestos inquietantes y cargados de expresión, que contrastan con las formas sintéticas que describen la composición. Ambas son obras cumbre de su etapa de realismo mágico.