Salvador Dalí pintó el retrato de Anna María de la Colección Casacuberta Marsans cuando solo tenía 20 años. Es un homenaje a su hermana, su primera musa, su modelo favorita y su confidente. El distanciamiento de los hermanos se remonta a 1929, cuando el pintor se enamoró de Gala, esposa de Paul Éluard, y comenzó a convivir con ella. Salvador Dalí visto por su hermana, las memorias que Anna María publicó en 1949, sellaron la ruptura de su relación. Dalí la acusó de escribir «falsedades manifiestas» y de haber vendido los retratos que le había pintado.
En este retrato, la mirada penetrante de Anna María es, sin duda, la evidencia de un carácter fuerte que Dalí capta con una notable economía de medios y una gran pureza de líneas. Es una obra significativa del realismo que caracterizó la obra de juventud del pintor, antes de viajar a París y aproximarse al surrealismo; debe considerarse en el contexto del realismo vanguardista de los años veinte que constituyó una expresión artística verdaderamente moderna.
