Esta escultura de piedra caliza ha sido atribuida por Antoni Pitarch a Jaume Cascalls y a su taller. Representante de la escuela catalana de escultura gótica, Cascalls estuvo vinculado a las iniciativas artísticas de Pedro el Ceremonioso referentes a los sepulcros reales de Poblet.
Pitarch explica que, a pesar de que el tamaño de esta escultura llevaría a considerarla en un contexto devocional, esto no es posible dado que el profeta Daniel nunca se representaba entonces como figura aislada. Hay que analizarla en otro escenario: el de las portadas góticas cuyo discurso es el de la redención, en el que se confrontan las figuras del Antiguo Testamento que la anunciaron con las del Nuevo Testamento que la hicieron efectiva. La identidad, dimensiones y características formales de esta escultura la hacen apta para una portada de la Cataluña Nueva. El escultor concretó las pupilas mediante la infrecuente técnica del perforado y, en un detalle de erudición iconográfica, distinguió su fisonomía con cabellos largos y perfil judío, subrayando su procedencia y cultura.
