Jardín de invierno (Montmartre)

Santiago Rusiñol y Prats (Barcelona, 1861 – Aranjuez, 1931)

1919

Óleo sobre tela

98,5 x 131 cm

“Allí, en aquellos páramos, la nieve cae esponjosa, y se hiela y se queda apretada, esperando que venga el verano. Éste llega traspasando la primavera, y de un solo soplo hiere las pobres plantes brotadas, mata de sed lo que antes moría de agua, y seca las hojas, que, todavía tiernas, se van corriendo en brazos del otoño.

¡Qué frío otra vez cuando llega octubre, en el tiempo de aquelles tardes tan cortas que al sol le faltan horas para visitar aquellos rincones! ¡Qué tristeza producen entonces aquellos jardines, bajo aquel gris tan gris; aquellos árboles tan desmochados, mustios, lánguidos y tísicos de tronco; aquelles plantas sin alma, de un verde mortecino y sin sangre; aquellas flores convalecientes, qué aletargadas se encuentran bajo el cielo! ¡Cómo se revuelca entre ellos la niebla en su húmeda quietud! ¡Cómo baja el humo de las chimeneas, tiñéndolo todo de negro y bebiéndose el color por doquier!

Rusiñol, Santiago. “Jardins de secà”, en L’Avenç, Barcelona, mayo 1892, 5, p. 150.

Jardín de invierno pertenece a la primera etapa francesa del artista Santiago Rusiñol, entre 1889 y 1892, cuando se instala en el barrio de Montmartre, en París. En este sentido, no sorprende que sea en la capital francesa donde decida pintar un paisaje invernal, nevado, diferenciándose por completo de los paisajes luminosos que realizaría más adelante en Granada o Mallorca. Las tonalidades frías, que confieren a la obra un acabado casi monocromático, transmiten la atmósfera gélida de un invierno en París. La soledad de la figura femenina al fondo intensifica la sensación de hostilidad de la escena.

Este paisaje formó parte del conjunto de obras que Rusiñol presentó en la Sala Parés de Barcelona en noviembre de 1891. La exposición, que incluía también obras de Ramon Casas y Enric Clarasó, no tuvo una gran acogida entre la crítica más conservadora, que consideraba las pinturas obras inacabadas o estudios. No obstante, Jardín de invierno obtuvo un reconocimiento especial como modelo a seguir para Rusiñol. Esta no era la primera vez que el artista mostraba en Barcelona su producción francesa, de estilo naturalista. Apenas un año antes había inaugurado una primera exposición, también en la Sala Parés, que ya incidía en algunas de las temáticas que reaparecen en Jardín de invierno, como el frío, la soledad o la pobreza.