Esta tabla, que representa a san Esteban protomártir, permaneció cerca de dos siglos reutilizada como puerta de una masía de la zona de Vallirana-Cervelló. Dicho aprovechamiento profano comportó la pérdida de algunas estructuras y parte de la pintura original. Sin embargo, este uso secundario también fue lo que guardó la tabla completamente virgen de intervenciones posteriores, una circunstancia excepcional para una obra de esta cronología.
Tras su localización en 2011, el historiador del arte Jaume Barrachina identificó “sin ningún género de restricciones científicas ni legales” la autoría de Lluís Borrassà. Este pintor gerundense se ha considerado el introductor del estilo gótico internacional en Cataluña. Su taller, asentado a partir de los últimos años del siglo XIV en Barcelona, fue el más importante de este periodo y cuenta con más de cincuenta retablos documentados.
El santo aparece de pie, vestido de diácono con dalmática, en un sitial escultórico sobre una plataforma octogonal de gusto arabizante. Sostiene sus atributos tradicionales distribuidos en la mano izquierda con el libro y la palma martirial, y en la derecha dos piedras a las que se suma una tercera alojada sobre la cabeza. La limpieza de la superficie pictórica sacó a la luz la presencia de los trazos incisos de otra palma orientada hacia abajo en la zona del pavimento. Este atributo está completamente acabado, pero se trata de una solución sin precedentes en la pintura gótica catalana, de ahí que el propio Borrassà decidiera corregirla, cubriéndola y sustituyéndola por la versión definitiva, orientada hacia arriba.
La estructura del reverso de la tabla ha permitido vincularla a un Calvario del mismo pintor, conservado en una colección particular, que conformaría la escena consecutiva a la imagen del santo. Este conjunto se ha relacionado con el encargo de un retablo para la iglesia de Sant Esteve de Palautordera a Lluís Borrassà en agosto de 1423, cuya descripción documental coincide con esta composición.
