El mes de María

Darío de Regoyos Valdés (Ribadesella, 1857 – Barcelona 1913)

1884

Óleo sobre tela

90 x 120 cm

Darío de Regoyos fue un artista que conectó la pintura española con las vanguardias francesa y belga. El libro España negra (1899), con textos de Émile Verhaeren, culminó su etapa expresionista, de fuerte atracción por lo trágico y lo telúrico, y dio paso a un lenguaje de carácter impresionista que ensalzaba el aire y la luz. 

Tuvo una estrecha relación con los artistas catalanes del entorno de Els Quatre Gats, con quienes compartió el anhelo de la modernidad. Durante su larga estancia en Bruselas, durante la cual formó parte de los núcleos artísticos más avanzados, pintó Al Mes de María (1884) y la expuso en el Salón Nacional de Bélgica. Diez años más tarde, de vuelta a España, Regoyos decidió presentar la obra a la Segunda Exposición General de Bellas Artes de Barcelona, donde obtuvo un diploma. En vista de que el jurado de este certamen no decidió adquirir la obra para el Museo de Bellas Artes de la ciudad, un grupo de artistas e intelectuales, liderados por el polifacético Josep Pascó y el crítico de arte Raimon Casellas, organizaron una suscripción pública para comprarla y donarla. Sin embargo, el Museo de Bellas Artes no la aceptó por temor a contradecir al jurado.

Pocos años después, Regoyos fue objeto de una exposición en Els Quatre Gats de carácter reivindicativo, en línea con el talante del establecimiento. La obra protagonista, expuesta en un lugar destacado, fue Al mes de María. La crítica especializada no desaprovechó la oportunidad de elogiarla, así como de subrayar la miopía de la oficialidad artística que la había rechazado.

«Este cuadro es la pieza de resistencia de la pequeña exposición organizada en Els Quatre Gats; para los que conocen las catedrales de Ruán que pintó Monet, resulta evidente que, conservando su personalidad, puede Regoyos sostener honrosamente la comparación; para todos, por lo menos para los que sepan ver, resulta un soberbio pedazo de pintura, sobrio, justo, equilibrado y, en una palabra, excelente».

Miquel Utrillo, Luz, núm. 8, 1898.