
El 8 de agosto de 1412, Mossén Jaume Aldomar, presbítero y beneficiado de la Catedral de Barcelona, fundó un centro hospitalario bajo la advocación de Sant Sever. Hizo donación de las casas y los huertos contiguos, instituyó las rentas oportunas y creó los estatutos necesarios para establecer el Hospital de Sant Saver, cuyo objetivo fuera atender a los clérigos pobres y enfermos de la ciudad de Barcelona. Situado en la calle de la Palla, era una institución de gestión autónoma que contaba con cuatro administradores cuyos cargos se renovaban anualmente.
La fachada de este edificio es el resultado de múltiples reformas, aunque su parte más genuina constituye uno de los pocos ejemplos de arquitectura del Renacimiento en la ciudad de Barcelona. Corresponde a la primera mitad del siglo XVI, cuando se ampliaron las instalaciones para satisfacer las necesidades sanitarias y espirituales de los enfermos que acogía el hospital. Se decidió entonces la construcción de una iglesia de una sola nave rectangular y cabecera plana. El espacio de culto se completaría más tarde con una capilla situada al este dedicada a la Virgen y también con una sacristía de planta cuadrada y bóveda de arista construida al oeste que quedaría integrada en el claustro del hospital.
En la cabecera plana de la iglesia se emplazó el retablo de Sant Sever, realizado en 1541 por los pintores portugueses Pere Nunyes y Enrique Fernándes. Dos siglos más tarde, el retablo fue trasladado a Olesa de Bonesvalls hasta que, en 1929, Duran i Sempere dio cuenta de su relevancia y también de su estado de deterioro, por lo que esta obra fue reubicada en el Museo Diocesano de Barcelona.
El gran portal que da acceso a la iglesia corresponde a la reforma de 1562, fecha que aparece registrada en la propia fachada junto a la inscripción «Hospitale sacerdotum sancti Severi». Se ornamentó con una hornacina con forma de arco serliano, una combinación de un arco de medio punto y dos vanos adintelados que constituye uno de los pocos ejemplos de este recurso arquitectónico propio del Renacimiento que existen en Barcelona. En esta hornacina se emplazó un conjunto preexistente: una escultura de Sant Sever y dos clérigos arrodillados a ambos lados del santo. Son tres tallas independientes realizadas en alabastro por Pere Oller, un artista documentado entre 1395 y 1442 que trabajó en varias catedrales catalanas. Estas esculturas estuvieron situadas en la fachada al menos hasta 1937, tal y como atestigua una fotografía de esa fecha conservada en el Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Actualmente, los orantes forman parte de la colección del Museu Nacional d’Art de Catalunya y la figura de Sant Sever está en paradero desconocido.
Uno de les elementos más característicos y singulares de este edificio es la androna, el pasadizo interior que transita entre el portal principal y la capilla del hospital, un espacio de circulación que también se concretó entonces, aunque las modificaciones posteriores han desvirtuado su carácter renacentista.
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se realizaron reformas importantes que acabarían configurando el aspecto actual del edificio. Quizá impulsadas tras el incendio de 1748, se reestructuraron los accesos de la planta baja y se construyeron los pórticos que rodean el claustro cuya función era la distribución de las estancias destinadas a los enfermos.
A principios del siglo XIX el edificio contaba con la presencia de inquilinos particulares. Esta nueva función del inmueble determinó la construcción de los pisos superiores, además de obligar a una reestructuración de los accesos para distinguir la entrada del hospital de la de los inquilinos. También se realizó una ampliación del espacio de culto y la construcción de un coro integrado en el ámbito residencial de la planta primera. Asimismo, fue excavada la cripta ampliando la sepultura existente desde 1615 para los enfermos que fallecían en el hospital.
El hospital prosiguió como una entidad privada, desempeñando sus funciones de beneficencia hasta que la falta de recursos determinó, en 1913, la pérdida de su independencia y su adscripción a la jurisdicción del obispado. En 1925, el hospital fue trasladado al Seminario Mayor de Les Corts y el emplazamiento de la calle de la Palla fue abandonado. Tras la Guerra Civil, sus dependencias se adaptaron progresivamente a usos residenciales y también comerciales, como el establecimiento del anticuario Agustín Mendoza, hasta que en los años cincuenta la iglesia se desprendió del edificio, cuya propiedad pasó a la familia Sesplugues.
En 2021 se inició la restauración de la iglesia y dependencias eclesiásticas del Hospital de St Saver con el objetivo de alojar la colección de arte Casacuberta Marsans. El proceso de rehabilitación ha sido realizado por Garcés – de Seta – Bonet Arquitectes, que ha volcado en este proyecto su amplia experiencia en restauración de espacios culturales en la ciudad de Barcelona.
Se trata de un espacio compuesto por tres niveles: la planta baja donde se ubica la iglesia y el claustro, un nivel superior que da acceso al coro y la zona subterránea que corresponde a la cripta. La idea central de la rehabilitación consideró recuperar la memoria de este conjunto de espacios eclesiásticos; evocar su naturaleza y sus funciones a partir de un elemento central y centralizador: la escalera que conecta las tres plantas y que al mismo tiempo es un gran púlpito que propone múltiples puntos de vista a la contemplación de la colección. Realizada en hierro, es monumental y al mismo tiempo ligera gracias a la transparencia de la chapa perforada, un material mediante el que también se han reproducido las bóvedas perdidas de la nave de la iglesia.
Se ha procurado mantener el carácter de los diferentes espacios en su estado actual, sin ocultar las sucesivas reformas de su estructura o el paso del tiempo en los materiales, mientras que se ha usado el hierro para evidenciar las nuevas intervenciones. El resultado es un contenedor expresivo de la historia del lugar, esencial, austero, que ha recuperado la naturaleza de un espacio de culto y devoción, ahora para el arte.
A lo largo de estos espacios se despliegan las pinturas y esculturas que constituyen una selección de la Colección Casacuberta Marsans, una notable colección privada de arte hispánico.